Hay algo especial en los días de lluvia. Mientras afuera todo parece detenerse, adentro las ideas empiezan a tomar forma.
Muchas de las estampas que hoy forman parte de ARTHE nacieron así. En tardes interminables frente a la computadora, con música de fondo, referencias abiertas por todos lados, bocetos que no terminaban de convencerme y esa necesidad constante de crear algo que realmente me representara.

Todo esto empezó hace más de tres años, mucho antes de que ARTHE existiera como marca.
En ese momento no estaba pensando en tener una tienda de ropa ni en vender mis propios diseños. Simplemente me gustaba crear. Me podía pasar horas observando trabajos de otros diseñadores, descubriendo nuevas técnicas, analizando composiciones, colores, tipografías y formas de transformar una idea en una imagen.
Me inspiré en muchísimos artistas y diseñadores del rubro. Algunos por su manera de trabajar las imágenes, otros por su capacidad de contar historias a través de una composición. Siempre me llamó la atención cómo un diseño podía transmitir tanto sin necesidad de decir demasiado.
Pero nunca quise quedarme solamente con una referencia. Quería aprender de todo eso y encontrar mi propia forma de hacer las cosas.
Con el tiempo empecé a experimentar cada vez más. Probaba técnicas, combinaba estilos, modificaba detalles, descartaba trabajos enteros y volvía a empezar. Había diseños que me llevaban días y otros que directamente quedaban guardados durante meses porque sentía que todavía les faltaba algo.
Y aunque muchas veces parecía que no estaba avanzando, hoy entiendo que todo eso también era parte del proceso.
Actualmente estoy terminando la carrera de Diseño Industrial, una formación que cambió muchísimo mi manera de pensar y crear.
Estudiar diseño me enseñó que detrás de cada decisión tiene que existir una intención. Que no alcanza con hacer algo visualmente atractivo: también tiene que tener identidad, transmitir un concepto y generar una conexión con quien lo está viendo.
Aprendí a prestar atención a los detalles que muchas veces pasan desapercibidos. A las proporciones, las formas, los materiales, los contrastes y la manera en que cada elemento se relaciona con el resto.
Y de alguna manera, empecé a aplicar todo eso a mis estampas.
Cada ilustración se convirtió en un pequeño proyecto personal. Desde la primera idea hasta el último detalle, me gusta sentir que cada elemento está ahí por una razón.
No busco solamente hacer un dibujo que quede bien en una remera. Busco crear una imagen que tenga personalidad, que alguien pueda reconocer y que, sobre todo, quiera usar.


Si hay algo que me apasiona tanto como el diseño, es el básquet.
Siempre me atrajo mucho más que el juego en sí. Me gusta todo lo que lo rodea: la cultura, la música, las zapatillas, la ropa, las historias de los jugadores y la mentalidad que existe detrás de cada persona que dedica años a mejorar en algo.

Me inspira esa parte del deporte que no siempre se ve.
Los entrenamientos cuando nadie está mirando. Las derrotas que te obligan a mejorar. Las horas que alguien pasa practicando el mismo movimiento una y otra vez. Los días en los que parece que nada sale, pero aun así volvés a intentarlo.
Para mí, el básquet representa muchísimo de lo que significa construir algo propio.
Por eso empecé a unir mis dos mundos: el diseño y la cultura del básquet.
Me interesaba reinterpretar imágenes, momentos y figuras que forman parte de la historia de este deporte, pero llevándolos a un lenguaje visual diferente.

Empecé a experimentar con ilustraciones geométricas, composiciones abstractas, texturas, fotografías intervenidas y formas que mezclan lo real con lo artístico.
Me gusta tomar algo reconocible y transformarlo sin que pierda su esencia.
Que una imagen pueda sentirse familiar y diferente al mismo tiempo.
Que alguien vea una estampa y se detenga unos segundos para descubrir todos sus detalles.
Durante mucho tiempo, todos esos diseños existieron únicamente en mi computadora.
Eran archivos, bocetos, pruebas de colores e ideas que iba acumulando sin saber exactamente qué iba a hacer con ellas.
Hasta que un día apareció la posibilidad de llevarlas a algo real.
Y ahí empezó otra parte de la historia.


Ver uno de mis dibujos estampado por primera vez en una remera fue una sensación completamente distinta a verlo en una pantalla.
De repente, algo que había imaginado durante horas tenía una forma física. Se podía tocar, usar, combinar con otras prendas y llevar a cualquier parte.
Ya no era solamente un diseño mío.
Era algo que podía formar parte del estilo de otra persona.
Y eso fue lo que más me entusiasmó.
ARTHE nació de las ganas de dos pibes de construir algo propio y llegar lo más lejos posible.
No arrancamos con una estructura enorme, años de experiencia vendiendo ropa ni todos los recursos que nos gustaría tener.
Arrancamos con ideas, diseños, ganas de aprender y la convicción de que podíamos crear una marca con identidad.
Una marca que estuviera conectada con el deporte, pero que no se limitara solamente a quienes juegan al básquet.
Porque creemos que la mentalidad de un deportista también existe en alguien que estudia, trabaja, emprende, crea o persigue un objetivo personal.
Todos tenemos algo por lo que estamos esforzándonos.
Y todos atravesamos un proceso para llegar a eso que queremos.
De ahí nació nuestra frase:
VESTIMOS EL PROCESO.
No la elegimos simplemente porque sonaba bien.
La elegimos porque representa exactamente el momento en el que estamos.
Todavía estamos construyendo nuestra marca. Seguimos aprendiendo, equivocándonos, mejorando nuestros productos y descubriendo hacia dónde queremos llevar todo esto.
Y aunque nos queda muchísimo camino por recorrer, hay algo que tenemos claro: queremos hacer las cosas bien y sentirnos orgullosos de cada prenda que lleva nuestro nombre.

Detrás de cada diseño hay horas que nadie vio.
Hay pruebas que salieron mal, ideas que cambiaron por completo, noches frente a la computadora y tardes de lluvia en las que un dibujo terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.
Hay inspiración, aprendizaje y muchísimo trabajo.
Por eso quise crear este espacio.
Para mostrar algo que normalmente queda detrás de una marca de ropa.
Acá vas a encontrar parte de mis bocetos, las referencias que me inspiraron, las primeras versiones de las ilustraciones y el recorrido que existe entre una idea y la prenda que finalmente llega a tus manos.
No pretendo que cada diseño sea perfecto. Prefiero que tenga una historia, una intención y algo que lo haga diferente.
Porque al final, eso es lo que me gusta del diseño: poder convertir algo que imaginaste en algo que existe.
Y saber que quizás, en algún lugar, alguien está usando una prenda que nació de una idea tuya.
Hace tres años eran solamente dibujos en mi computadora. Hoy son parte de ARTHE.
Y esto recién empieza.
ARTHE CLUB®
VESTIMOS EL PROCESO.